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Viernes, 13 de enero de 2006
Entrevista con el Dr. Francesc Colom, investigador de las terapias psicoeducativas en la práctica clínica con pacientes con trastornos bipolares 
Azprensa

Mujer de espaldas en un pasillo
Un diagnóstico temprano, mejora mucho el pronóstico.
Como miembro del equipo del Programa de Trastornos Bipolares del Hospital Clínico de Barcelona, Francesc Colom ha dedicado los últimos años a la investigación de las terapias psicoeducativas en la práctica clínica con estos pacientes. Azprensa.com ha conversados con él para hacer un acercamiento a la aplicación de estas terapias en los pacientes bipolares.

¿Por qué no está extendido el empleo de la psicoeducación en el tratamiento de los trastornos bipolares? ¿Cuáles son las causas de esta carencia?

Este tipo de terapias no se utilizan lo suficiente en España; muy pocos centros tienen en marcha este tipo de programas, a lo sumo cuatro en todo el país, y casi siempre a partir de iniciativas personales de los profesionales, que generalmente ponen en marcha programas de psicoeducación en el trastorno bipolar quitando horas de su tiempo libre. ¿Por qué? Sobre todo por un error de selección en los tratamientos psicológicos: habitualmente se ha considerado al psicólogo como un profesional menor que debe ocuparse de trastornos poco graves –también debido a la pobre formación de muchos psicólogos clínicos en el abordaje de la patología más grave-, pero esto no es así en absoluto. Es más, donde más importancia tiene el papel del psicólogo es como terapeuta coadyuvante en trastornos mentales graves como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

En sus investigaciones con el Programa de Trastornos Bipolares, ¿ha podido constatar el efecto de la psicoeducación en el tratamiento de este tipo de pacientes? ¿Qué les puede aportar?

Hemos demostrado que la psicoeducación ayuda a la prevención de recaídas. En un artículo publicado en la revista Archives of General Psychiatry demostramos que los pacientes psicoeducados tenían, a los dos años de seguimiento, menos episodios de cualquier tipo (manía, depresión o fases mixtas). Además, el tiempo de hospitalización también disminuía entre los pacientes psicoeducados.

El papel de la familia es de suma importancia para estos pacientes. ¿Es también la terapia psicoeducativa aplicable a los familiares? ¿En qué aspectos?

La psicoeducación puede aplicarse en familias, pero en un formato algo distinto. De hecho, nuestro grupo está llevando a cabo un estudio educando a los familiares de los pacientes y los resultados preeliminares son muy prometedores.

¿Tiene algún efecto la terapia psicoeducativa en el cumplimiento terapéutico? ¿Cómo se tiene que trabajar con estos pacientes para que no abandonen el tratamiento?

La psicoeducación mejora el cumplimiento de la terapia farmacológica en los pacientes bipolares. Más concretamente, lo que hemos observado es que estabiliza los niveles séricos de eutimizantes. Esto se consigue sobre todo gracias a informar al paciente ampliamente acerca de los pros y los contras de los fármacos que debe tomar y discutir las ventajas de tomar los fármacos y los riesgos de no tomarlo. Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la información no espanta a los pacientes, sino que les anima a tomar bien el fármaco. Por otro lado, debemos pensar que en la actualidad, gracias a los avances de la tecnología, es relativamente fácil para cualquier persona acceder a información médica (por internet, sobre todo). Es decir, que si no nos preocupamos nosotros de informar a nuestros pacientes, los pacientes tratarán de informarse por sus propios medios, generalmente “desinformándose”, al no ser capaces de filtrar la información relevante de la anecdótica o las fuentes fiables de las que no lo son.

¿Cuándo debe empezar el paciente a recibir este tipo de terapias? ¿Qué participación tiene la familia en la misma?

La psicoeducación debe realizarse siempre cuando el paciente se halla asintomático: no tiene ningún sentido iniciar un grupo con pacientes agudos. La familia puede colaborar o participar en grupos de familiares, pero nunca mezclamos pacientes y familiares en un mismo grupo.

La demora en el diagnóstico, que en la actualidad es excesivamente elevada para este trastorno, ¿puede influir en el uso de la psicoeducación con los pacientes bipolares?

En general, cuánto más se tarde en diagnosticar la enfermedad, peor será el pronóstico. La respuesta terapéutica también podría ser peor.

Se ha comprobado que una tardanza excesiva en el diagnóstico del trastorno bipolar puede causar numerosos daños en el paciente. ¿Cuáles cree que serían los mecanismos adecuados para la realización de un diagnóstico precoz?

En general, mayor formación en psiquiatría de todos los médicos de asistencia primaria. Además, los psiquiatras deben acostumbrarse a pensar en la posibilidad de un trastorno bipolar siempre que se encuentren ante un paciente deprimido; tras descartar organicidad de la depresión, el segundo despistaje imprescindible cuando entrevistamos a un depresivo es el de trastorno bipolar. Debemos preguntar siempre –a el paciente y sobre todo a sus acompañantes- acerca de episodios pasados parecidos a una hipomanía, especialmente en pacientes jóvenes y muy particularmente en depresiones psicóticas, ya que la gran mayoría de deprimidos psicóticos jóvenes van a evolucionar hacia un trastorno bipolar.

¿Cree necesario que instituciones de carácter privado, como la Fundación AstraZéneca, participen en la divulgación de estos trabajos?

Lo creo imprescindible; estamos en un medio que no favorece especialmente la investigación clínica y terapéutica, y cualquier esfuerzo público o privado es bienvenido. Los psiquiatras españoles están ávidos de formación en nuevas técnicas de abordaje integral de los trastornos bipolares y la industria farmacéutica tiene un acceso a esta población que facilita dicha divulgación. Quiero agradecer expresamente a la Fundación AstraZéneca su apoyo.

¿Hacia dónde camina la investigación sobre el trastorno bipolar?

Lo más interesante es que se están integrando progresivamente aspectos que, en apariencia, nos podían parecer dispares como la neurofisiología y las intervenciones psicosociales. Buscar los predictores biológicos de respuesta a la psicoterapia es, por ejemplo, uno de los retos más apasionantes del próximo lustro.
 

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