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  > Columna de Opinión
Viernes, 19 de mayo de 2006
Una vida sana... con trastorno bipolar 
Paciente de Mundo Bipolar

ojo de mujer
Aprender a vivir con calidad, llevando consigo una enfermedad.
Nací en una familia humilde, en 1970,en la provincia de León, somos 6 hermanos conmigo. Mi padre siempre se dedicó a trabajar para que no nos faltara de nada. Mi madre se ocupaba de nosotros y de la casa que ya era suficiente trabajo; una familia normal y corriente.
De mi niñez, tengo vagos recuerdos, una niña tímida, muy reservada.

Mis padres me describen, si me comparan con mis hermanos como tonta, nunca pedía nada, recuerdo lo obediente que era, ya que mi padre era muy estricto, con todos los hijos, pero yo me lo tomaba todo al pie de la letra. Según mis padres, fui una niña feliz, pero yo al día de hoy lo dudo. No me faltaba nada material, cariño teníamos, pero a lo mejor yo necesité un poco mas, u otro tipo de atención o más atención, no lo sé, igual soy egoísta en este tema.

Pienso que no todas las personas, niños en este caso, tenemos las mismas necesidades y a veces se trata a todos igual y bueno para mi ahí esta el fallo. Pienso que ya en la niñez, se dice mucho de la personalidad que se va a tener, pero los padres antiguamente no se dedicaban a pensar en estas cosas; los padres deberíamos pensar, y muy bien, cómo o qué tendríamos que hacer, para que nuestros hijos fueran felices, no solo preocuparnos de que no les falte nada material, sino no dándoles mucho cariño, fijándonos en las necesidades que pueden tener, hablar con ellos muchísimo (pero escuchando),buscando carencias. A lo mejor yo pienso así, porque sería lo que a mí me hubiera gustado o lo que necesité en mi niñez.

Mi adolescencia fue bonita. En los estudios, cero patatero, me gustaba el deporte y jugaba en dos equipos de baloncesto. A los catorce años, muy a disgusto de mis padres, comencé a trabajar en una frutería, me encantaba el trato con la gente y mis jefes eran como mis padres, me tenían mucho cariño y me trataban como si fuera su hija. El trabajar cara al público me encantó; esa fue mi puerta para quitar la timidez y tratar a la gente con educación, pero de una forma mas abierta, yo me revelaba a ser callada con todo el mundo, a ser la tonta. Empecé ahí a echarme un cable a mi misma. Era muy jovencita, y mi personalidad seguía en casa como siempre, la que se callaba todo, la obediente, la niña buena.

Empecé a salir con mis amigas. Nunca tuve problemas para relacionarme con nadie y siempre tuve muchas amigas, aunque como todas las chicas, tenía mi grupito y había una especial. A los 15 conocí al que hoy es mi marido, un novio guapo, trabajador, amable... lo tenía todo para mi, lo quería muchísimo y el a mi, la a felicidad había llegado.

A los 16 cambié de trabajo y empecé en una tienda de ropa, seguía en la misma línea, cara al público y tan feliz con mi trabajo y mi novio. A los 18 un gran cambio en mi vida, me casé con el hombre que quería. Todo fue felicidad, teníamos trabajo, dinero para salir de juerga y no nos faltaba de nada. A los 19 mi primer zapatazo......tuve un problema familiar y empecé a deprimirme, lloraba con frecuencia, salía menos de casa, todo me salía mal, nada me venía bien, di un cambio a mi vida y nos fuimos a vivir a otra ciudad, todo empezó a mejorarme empecé a sentirme bien y ya no tenía problemas, el susto parecía haber pasado......

Decidimos tener un hijo, ya llevábamos casados 5 años y yo tenia 23, bueno como que el momento había llegado. El embarazo transcurrió con normalidad y mi estado de ánimo era normal, el parto fue normal, el niño precioso y muy sano, pero... aquí hubo un gran fallo por parte de todos, mío, familiar y médico, ya que mi hijo nació a las 8 de la tarde y a las 10 de la noche estaba en la habitación. A las 12 de la noche, me levanté y no me volví a meter en la cama hasta la mañana siguiente, pero para descansar no para dormir. El sueño había desaparecido, estuve casi todo el día levantada y la noche en vela y sin acostarme, así todos los días de mi ingreso, recuerdo que un día, me dormí dos horas por la tarde, nada más. Cuidaba a mi hijo, que lo único que hacía era dormir, no lloraba, ni se despertaba por nada, cuidaba a la niña de mi compañera, ya que le hicieron cesárea y estaba cansada y su niña lloraba mucho, yo, hablaba por los codos, no me podía estar quieta, paseaba o hacia cualquier cosa, era una alegría desmesurada, pero nadie le dio importancia.

Mi familia estaba a 500 Km. y mi madre llegó a mi casa el día del alta, ella no lo veía muy normal, en casa yo dormía lo justito, pero no paraba, no dejaba hacer nada a nadie, cuidaba al niño, hacia toda mi casa, hablaba muchísimo y la alegría seguía siendo de locura, pero como que esto no lo ve la gente como un problema, si fuera depresión, lo hubiéramos visto distinto, pero a esto que duró mas de un mes, no le hicimos ni caso; todo volvió a la normalidad, pero al poco tiempo, me empecé a deprimir, siempre he buscado alguna excusa, o coincidía con algún problema familiar, mí hermana tenia problemas y bueno, yo empecé a hundirme; lo que hice fue abandonarlo todo y cambiar de ciudad otra vez, nos volvimos a León, con nuestro hijo, y yo con 25 años, pero yo no arrancaba, otra pequeña depresión y cada vez me hundía mas.......decidí ir al medico de cabecera y el me recetó un antidepresivo; lo tomé durante cuatro o cinco meses. Cuando mejoré abandoné el tratamiento y a los pocos meses de nuevo caí; volví al medico y me volvió a poner el mismo antidepresivo. Una novedad, me enviaba a psiquiatría para que me llevara un psicólogo. Me fue muy bien, no me diagnosticó nada, no le di tiempo. En cuanto mejoré, otro cambio de ciudad más.

Dejamos nuestra casa, mi marido el trabajo y emprendimos otro camino. Llegué a la ciudad en le que hoy vivo, llevo 10 años y espero acabar aquí, aunque nunca se sabe....... trabajaba mucho, no tenía tiempo de pensar, ni de quejarme por nada. La hostelería es muy dura y sacrificada, mi marido trabajaba mas que yo todavía, al niño lo veíamos poco, siempre estaba con la chica que lo cuidaba o en el colegio, pero bueno durante 2 años las cosas fueron bien, yo estaba bien y eso era bueno, pero lo bueno dura poco, empecé a tener síntomas de depresión, me costaba levantarme de la cama, ir al trabajo y ya no disfrutaba con casi nada.

Decidí ir al medico con la intención que me recetara el antidepresivo de la otra vez; tomármelo y punto, no conocía a mi medico de cabecera, nunca estaba mala y bueno, no conecto conmigo, se negó a recetarme el antidepresivo sin que pasara por psiquiatría y yo cabezona, no pedí ni cita. Lo pasé hasta que mejoré, volvió a pasar otro año y cada vez mis depresiones me hacían caer mas, me negaba a ir al médico, siempre decía lo mismo, ya se me pasara. Así estuve unos años, sin medicación y dando tumbos, pero no eran depresiones que me metieran en la cama y no me levantara, así que lo llevaba como podía, eso sí, con muchísimo esfuerzo.

Cumplo los 31 años. Mi padre se pone enfermo y esta a punto de morir dos veces. Viaje va, viaje viene, hospitales, demasiadas preocupaciones y para remate, cuando el empieza a mejorar empezamos con mi madre, una operación de cáncer y a atender a mi padre que le habían quedado secuelas, cuando podía viajar que era muy poco, ya que yo tenia mi familia y mi trabajo. Entre el trabajo, mí estado un poco deteriorado y tantos líos de viajes,, hospitales, preocupaciones y problemas por todos los sitios, caí y de que manera... ya se pasaba de estrés, me perdí; comencé a ir al medico, tenia una doctora majísima. Lo primero que hizo fue ponerme en tratamiento y hacerme un seguimiento diario.

La doctora me veía sin cita, una media hora a las ocho de la mañana. A veces me ponía un tranquilizante debajo de la lengua y hasta que no me hacía efecto no me dejaba ir. El tratamiento consistía en ansiolíticos, pastillas para dormir y antidepresivos . Tardaron como un mes en verme en psiquiatría. En el hospital comienza un duro y largo camino . Mi doctora de cabecera no veía resultados favorables, no había mejoría, solo empeoramiento y yo seguía trabajando y me resistía a coger la baja. Aunque en realidad yo sabía que no estaba haciendo mi trabajo, no podía, estaba atontada con tanto ansiolítico. Un día llegue al bar, me pidieron un café y me puse delante de la cafetera, solo eso, la miraba y no sabia que hacia allí, que tenía que hacer para que saliera café. La cafetera me resultaba desconocida, parecía que nunca la hubiera visto o que no supiera lo que era el café. Me asusté, me bloqueé y me eché a llorar y se lo dije a mi marido y me fui a por la baja.

En ese tiempo, mi doctora ya había empezado a enviarme a urgencias varias veces. Cada vez que iba me aumentaban la medicación y me daban algo nuevo... qué bien, qué variado, cuantos colorines... pero yo cada vez estaba peor, mí doctora de cabecera, seguía con su seguimiento diario y yo no soy consciente de muchas cosas de las que ella observaba, pero en uno de los informes últimos que tengo de ella, ponía: “ruego valoración de un posible trastorno bipolar”. Estaba mas en la consulta del medico y en urgencias que en mi propia casa.

El psiquiatra, empezó a decirme que necesitaba un ingreso y yo siempre me negaba, no sabía para qué me podía servir. Cómo iban a tratarme ,e daba terror, no quería ni oírlo. Un día llegue a la consulta del psiquiatra y me había preparado una encerrona. Cuando entré yo no note nada raro, fue después cuando me di cuenta, habían cambiado de sitio la mesa, la silla estaba contra una pared, la mesa estaba contra otra, mí psiquiatra enfrente y a mi lado otro psiquiatra; lo supe después, me empezó a decir que tenia que quedar ingresada y que esta vez no me podía ir, que mi estado era bastante malo, por como me encontraba y toda la medicación que tomaba, mis ideas de muerte estaban siempre muy presentes , no se porque, ni quien acudió aquel día conmigo a la consulta ya que mi marido, mis hermanas y una amiga se empezaron a hacer cargo de mi, yo no era persona, solo quería morirme y más cuando me empezaron ha hablar del TB ; yo pedía un cáncer , no quería saber nada de la enfermedad, no la quería, prefería morirme que vivir así, no podía salir sola a la calle, siempre acompañada y tirando de mi porque me costaba andar........era horrible lo que estaba pasando, mí pregunta era siempre la misma, que me pasa, me estoy volviendo loca, yo no quiero vivir así.

Llegó el ingreso, que duro mes y medio, me ingresaron por depresión mayor y bueno, solo se que tomaba pastillas a “tutiplé”,un montoncito por la mañana, otro al medio día y otro por la noche, perdí 20 Kg. en un mes. Me negué a comer, me cambiaban de tratamiento cada 10 días, me ponían unas con otras, luego otras y después las primeras con las últimas, un cóctel impresionante.

Empecé a pegar unos cambios muy raros, yo en realidad, no me acuerdo muy bien de todo esto, son cosas que recuerdo vagamente y luego lo que nos contaban los médicos, empecé a ciclar varias veces al día, solo recuerdo que me despertaba muy mal llorando y el animo por los suelos y en pocas horas, era la reina de la sala, contaba chistes, hablaba por los codos con todo el mundo, leía, escribía... era capaz de estar a dos o tres cosas a la vez. La cabeza volaba, que bien me sentía, no había problemas, todo lo malo desaparecía y en pocas horas de vuelta a la oscuridad... así todo mi ingreso. Cuando me dieron el alta en el informe ponía que estaba estable y controlada... no me tenía en pie, mi cara dicen era un poema mirarme y el tratamiento era de risa, 19 pastillas diarias... como se estrellaron conmigo.

A los 15 días estaba de nuevo ingresada, fue un ingreso voluntario, yo solo me veía segura allí dentro, como que la calle me quedaba grande y allí me sentía protegida, aunque las ideas de muerte allí estaban presentes y solo pensaba en como... los ingresos eran duros pero estaba enganchada a ese circulo, me sentía comprendida, pero una chica se suicidó y eso me hizo pensar que allí tampoco estaba segura. La medicación era muy variada, lo que me dieran en los ingresos, probaban y mezclaban y yo igual o peor, ya no de la enfermedad, simplemente con toda la medicación que me metían para el cuerpo.

Las litemias me daban, siempre 1,7 ó 1,9 así todas y ellos insistían que no estaba intoxicada, que mi marido era tonto, vamos, con esto no quiero decir que la seguridad social sea una mierda y que la gente este mal tratada, es mi caso y sólo digo que en el hospital en el que a mi me trataban no dieron en el clavo.

Yo creo que estos señores tenían menos información del TB que mi doctora de cabecera, por lo menos ella vio los síntomas y les dio el nombre de mi diagnóstico. Me parece triste, muy triste, ya que en urgencias me veían antes de mi ingreso cada dos o tres días, y me veían en las mismas condiciones que ella. Mi familia decidió que ya le había a estos médicos tiempo suficiente para que me recuperaran y deciden pasar al sector privado. A todo esto, yo seguía sin aceptar la enfermedad y no estaba dispuesta a ir a ningún sitio. Tenía mi objetivo y era muy claro: quitarme del medio. Me hicieron fue un reconocimiento médico completo, poco a poco me retiraron casi toda la medicación y me trataron con sueros durante un año. Al principio eran tres a la semana y después me los fueron retirando. La medicación consistía en un estabilizador, dos antidepresivos, algún ansiolítico y pastillas para dormir .

Mi mejoría empieza a notarse y bueno, empiezo a vivir muy despacito. Todavía no había asimilado todo lo que había vivido, estaba en muy malas condiciones y mi recuperación era lenta a los seis meses de estar en tratamiento con este psiquiatra.

Tuve una recaída y no la supe afrontar. Me quedé sola en casa y me tomé todas las pastillas que pillé. Mi marido y mi hijo regresaron antes de lo previsto. Mi marido había presentido algo, volvieron y encontraron mi carta de despedida pidiéndoles perdón, dándoles las gracias por como me habían cuidado y todo lo que habían hecho por mi y despidiéndome de toda la familia. Me encontraron en el sofá.

Por lo que me contaron acudió la UVI móvil y la policía y en casa me hicieron el primer lavado de estomago y me entubaron. En la calle estaba mi marido y mi hijo con 9 años pegándole patadas a la pared. Me bajaron a la ambulancia y cuando lograron estabilizarme, al hospital. Cuando desperté era por la mañana y lo primero que pensé fue “no lo he conseguido”. No me acuerdo de más detalles, sólo que desde ese día dejé de luchar contra esta enfermedad y me deje llevar, no se por qué, simplemente sabía que tenía que vivir y que no podía hacer pasar a mi familia por ese mal trago otra vez.

Me sacaron del hospital ese mismo día y me llevaron a la clínica donde me dieron un TEC y al día siguiente otro, y así cuatro o cinco sesiones. Empecé de nuevo a mejorar y a querer vivir, empiezo a luchar pero con ella no contra ella y bueno la verdad es que no me puedo quejar, todo empezó a rodar y yo comencé a llevar una vida mas o menos normal.

Llevo casi tres años eutímica, aunque estos últimos meses un poco revuelta, regularcilla, pero muy animada siempre. Aunque este baja siempre intento ser positiva, porque sé que se pasa y volveré a estar bien de nuevo.

Me gusta vivir, disfruto de la vida, tengo ilusiones, manejo la medicación, sé cuando suena la alarma y doy el aviso, ya sea para arriba o para abajo. Soy conocedora de los síntomas, de lo que debo hacer; no he perdido amistades, si acaso he ganado más, porque mantengo las mismas y tengo otras nuevas, estoy contenta con lo que tengo y bien conmigo misma. Siempre digo una cosa “el que me quiera, que me quiera como soy, no por lo que soy o como les gustaría que fuera”.

Solo decir que gracias al diagnostico y una buena medicación se vive, con turbulencias, pero bien. El apoyo familiar es importantísimo. Sentirse comprendido es muy difícil a veces, ya que ni nosotros mismos a veces nos entendemos, o nos cuesta trabajo explicar lo que sentimos, o como lo vivimos. Pero todo llega, hay que darle tiempo, no hay que buscar culpables … no los hay, nadie tiene la culpa y nosotros menos. Evitar el estrés y llevar una vida tranquila ayuda, también son importantísimos los horarios de sueño, e intentar hacer una vida lo mas normal posible, como lo hacías antes, aunque tengas algunas limitaciones, no abandonar jamás el tratamiento, no tomar alcohol, vida sana como para cualquier otra enfermedad... ¡ a vivir!

 

 


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