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Recomendaciones para el cuidado de la piel en invierno 
Fecha última actualización: 07/12/2011

Esquiador haciendo un descenso
Esquiador haciendo un descenso
USP Hospitales

Una adecuada protección de la piel frente al frío y los otros factores asociados al invierno evita que se lesione y desencadene patologías de diversa índole y gravedad.
La piel es el órgano más grande del cuerpo y está compuesto por un 70 por ciento de agua. Además actúa como una barrera de protección ante cualquier cambio exterior y su función, entre otras, es proteger al resto del organismo de las inclemencias meteorológicas.

Los factores asociados al invierno que afectan de forma negativa a la piel son: el frío, la escasa humedad ambiental, el calor seco de las calefacciones y los cambios bruscos de temperatura.
Con el invierno, la piel es más vulnerable. Se vuelve pálida debido a que los capilares se contraen, la irrigación disminuye y como consecuencia, hay menos oxígeno y nutrientes para las células, lo que retarda el recambio y se acumulan las células muertas, dando un aspecto opaco y grisáceo. Asimismo, la piel pierde agua y hay menor secreción sebácea, lo que se traduce en que esté más seca, arrugada, descamada y fisurada. Si la exposición al frío se mantiene y perpetua, la piel se vuelve sensible y fácilmente irritable e inflamada.

En las actividades de montaña durante el invierno, también existe el mayor peligro de quemaduras por el sol, precisamente porque con la altitud, disminuye el espesor de la atmósfera capaz de absorber y dispersar la radiación ultravioleta, con lo que aumenta el riesgo de sobreexposición. También la nieve y el hielo juegan un papel decisivo, reflejando la radiación ultravioleta.

El invierno puede propiciar la aparición de ciertas enfermedades o empeorar algunas ya existentes. Por ejemplo, un problema muy común de la piel como es la dermatitis atópica empeora considerablemente en invierno. Este problema afecta al 15% de la población y se da en más de un 90% de casos en niños. Se caracteriza por una piel seca e inflamada, que suele acompañarse de un picor intenso. Estos síntomas provocan que los niños estén nerviosos y sufran alteraciones del sueño, algo que afecta a su calidad de vida y la de su familia. Por tanto, en estos casos, se insiste en la importancia de no descuidar el cuidado de la piel en invierno y seguir todas las recomendaciones de los especialistas para evitar que las molestias aumenten.

Existe otro tipo de enfermedades cuya aparición está directamente relacionada con el frío intenso: los sabañones (lesiones inflamatorias localizadas en las manos), la Enfermedad de Raynaud (palidez y frialdad en las extremidades) y la urticaria por el frío (abones o ampollas que causan un gran picor).

Para conseguir mantener la piel protegida del frío y de otras inclemencias, basta con seguir algunas recomendaciones básicas:

-Hay que hidratar adecuadamente todo el cuerpo, pero especialmente la cara y las manos, ya que son las partes más expuestas a bajas temperaturas. Nunca hay que olvidarse del cuidado de los labios, muy dañados por el frío. Se recomienda usar lubricantes labiales con protección solar y sobre todo evitar humedecerlos con saliva cuando estén secos, porque aunque en un primer momento aporta una sensación de alivio, después produce una irritación y sequedad aún mayores. Solicite consejo a su dermatólogo para el producto hidratante más apropiado para su piel.
-No abusar de las duchas y baños de agua caliente. Aunque en invierno siempre se agradecen los baños muy calientes, no conviene abusar porque perjudica la epidermis y es malo para la circulación. Pida consejo a su dermatólogo para el jabón más apropiado.
-Los pacientes con piel seca, sensible o enfermedades cutáneas que empeoran en invierno deben procurar aumentar la humedad ambiental de la vivienda o lugar de trabajo. Esto se puede conseguir mediante humidificadores o simplemente con la colocación de toallas húmedas en radiadores, focos de calor, etc.
-Se aconseja tener especial cuidado con los cambios de temperatura al entrar y salir de los locales con calefacción, pues el paso del frío al calor o viceversa es negativo para la piel, sobre todo para las sensibles.
-Evitar ropa o calzado no transpirable o irritante.
-No olvidar nunca la fotoprotección cuando se realicen actividades de montaña sobre todo en la nieve. Se deben usar índices altos, superiores a 40, con aplicaciones de las cremas cada 2 horas, insistiendo en la nariz y las orejas, que son zonas particularmente sensibles. Tampoco os descuidéis porque el día esté nublado, ya sabéis que las nubes filtran la radiación infrarroja y reducen la sensación de calor pero dejan pasar la mayor parte de la radiación ultravioleta A.

 
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