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Lunes, 26 de mayo de 2008
Los kilos “pesan” más en verano. Las dietas florecen en esta época del año, y cada kiosco vende en sus portadas remedios milagrosos.
No hay dietas milagro, "comer sano es el milagro". 

Boquerones y bacaladitos expuestos en una pescaderia. Imagen de sciencepics.org con licencia Creative Commons
“Si la persona no es alérgica al pescado, ¿para qué tomar leche con omega-3 si estos compuestos pueden ingerirse de forma natural comiendo sardinas?
(SINC. Servicio de Información y noticias Científicas.)
“La información que maneja la mayoría de las personas sobre alimentación es muy deficiente. Muchos se preocupan solamente por el aporte de proteínas, y creen que un buen filete alimenta más que la pasta o el arroz”, señala Ángeles Menéndez Patterson. Esa concepción es el origen de una dieta pobre en hidratos de carbono y rica en grasas de origen animal.

Paradójicamente, ese desequilibrio en la alimentación no mejora con el nivel de vida. “A medida que aumenta el nivel económico de un país, aumenta también la ingesta de alimentos de origen animal, con los ácidos grasos saturados correspondientes y, un excedente de proteínas. Esto, unido al sedentarismo, puede conducir a las patologías de los países desarrollados: obesidad, hipertensión, problemas cardiovasculares, etc”, señala la investigadora.

Y a esas ideas equivocadas se suman las que generan los alimentos funcionales, afirma Menéndez Patterson: “Si la persona no es alérgica al pescado, ¿para qué tomar leche con omega-3 si estos compuestos pueden ingerirse de forma natural comiendo sardinas? Hay un bombardeo publicitario de información sesgada que las personas no siempre pueden discernir”.

Alimentación y envejecimiento

Una de las líneas en las que trabaja el Grupo de Nutrición y Alimentación de la Universidad de Oviedo consiste en relacionar dieta, envejecimiento y supervivencia en personas ancianas. Para estudiar la influencia de la alimentación en el envejecimiento en las 154 personas que formaron la muestra de su último trabajo en esta área, los investigadores analizaron un compuesto químico llamado malondialdehído, junto a otros indicadores.

El malondialdehído se genera cuando los radicales libres atacan los lípidos de la membrana celular en un proceso que se conoce como estrés oxidativo. Frente a este deterioro, la dieta puede proteger al organismo si se ingieren antioxidantes naturales, que constituyeron el segundo parámetro que midieron los investigadores del Grupo de Nutrición y Alimentación, que dirige Menéndez Patterson. Se trata de la vitamina E, el beta-caroteno, el licopeno, el retinol y el selenio.

Uno de los resultados de este trabajo es que “las personas mayores con los niveles más bajos de malondialdehído, junto con los niveles más elevados de vitamina E fueron las que sufrieron una menor mortalidad”, concluye la coordinadora del grupo de investigación. Traducido a la alimentación, los investigadores observaron que los ancianos ingerían un alto volumen de frutas y verduras, y que seguían una dieta mediterránea.

Conclusión inesperada

Aunque la dieta es crucial para mantener la salud a lo largo de toda la vida, los investigadores de la Universidad de Oviedo han observado una especie de techo, un límite de edad por encima del cual los antioxidantes que se ingieren ya no son tan determinantes. Esta investigación, que mereció un premio de la Fundación Pfizer sobre envejecimiento, analizó en qué medida 161 ancianos asturianos seguían la dieta mediterránea para determinar su influencia sobre la longevidad. Y en lo referente a los menores de 80 años, no hubo sorpresas: los investigadores constataron que cuanto mayor es la adherencia a la dieta mediterránea, mejor es la predicción de supervivencia.

Pero las cosas cambian para los mayores de 80 años: “Nuestro trabajo muestra que no hay ninguna evidencia de que la dieta beneficie a personas mayores de ochenta años. Parece la confirmación científica de lo que decía Brillat Savarin, el autor del primer tratado de gastronomía”, señala Menéndez Patterson con una sonrisa. La investigadora se refiere a la afirmación del genio francés: “el placer de la mesa es de todos los tiempos y todas las edades, y el último que nos queda cuando todos los demás nos han abandonado”.

De hecho, uno de los requisitos de la buena dieta es que sea placentera, señala esta investigadora. Junto a este criterio, la buena alimentación tiene dos pilares fundamentales: el equilibrio y la variedad. “Si
 

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