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Viernes, 25 de septiembre de 2009
Nos comunicamos sobre todo de forma aleatoria, en función de su propia naturaleza y algo de casualidad.
El ser humano escribe cartas y correos de forma casi aleatoria e impredecible 

Manos sobre un teclado de ordenador.  Imagen de sciencepics.org con licencia Creative Commons
Manos sobre un teclado de ordenador
(SINC. Servicio de Información y noticias Científicas.)
El equipo, en el que colabora el investigador del CSIC Daniel B. Stouffer, de la Estación Biológica de Doñana, en Sevilla, ha analizado la correspondencia de 16 figuras históricas, entre ellas la del físico Albert Einstein. En su análisis, identificaron un mismo patrón de conducta que también se podía extrapolar a la correspondencia del siglo XXI, los correos electrónicos. En el modelo, descrito como un proceso de Poisson[1] en cascada, intervienen los ritmos circadianos o biológicos y los factores de repetición. “Es más probable que un individuo continúe escribiendo e-mails una vez que ha escrito el primero, para usar su tiempo de forma más racional. De la misma forma, cuando vamos a un centro comercial compramos varias cosas para aprovechar el viaje”, explica Stouffer.

En el proceso interviene una variable más: los cambios que se producen a lo largo de la vida. Los autores destacan, en este sentido, cómo aumentó el ritmo de correspondencia de Einstein tras la publicación de la Teoría de la Relatividad. Del mismo modo, un bloguero verá aumentada su comunicación vía e-mail cuando publique un artículo polémico en su bitácora.

“El modelo es casi completamente aleatorio. Tan sólo existe una estructura básica debido a nuestros horarios, que sí son estructurados. Nos levantamos y nos acostamos a horas predecibles y, sin embargo, en ese intervalo de tiempo escribimos cartas o correos electrónicos en cualquier momento”, resume el investigador.

Predecir la conducta humana

Identificar y crear modelos para predecir los patrones de la actividad humana tiene múltiples ramificaciones y aplicaciones, desde la predicción de la expansión de enfermedades infecciosas hasta la optimización del uso de recursos. “En el caso de nuestra investigación, conocer cuándo y por cuánto tiempo escriben las personas puede resultar de gran interés para las empresas de telecomunicaciones a la hora de ajustar sus sistemas en momentos de alta y baja demanda”, indica Stouffer.

Sin embargo, como apunta la investigación, quizá no todos los comportamientos humanos son tan predecibles como nuestro despertar. Según los autores, los resultados del trabajo indican que la capacidad de predecir el comportamiento humano es limitada. Este extremo puede tener implicaciones en diferentes sectores económicos, pero también arroja la cuestión de si el resto o la mayor parte de nuestras acciones cotidianas son tan aleatorias y, por tanto, impredecibles.

Los autores sugieren, de hecho, que el modelo establecido para las comunicaciones escritas podría aplicarse a otras muchas actividades humanas si el modelo empleado tuviera en cuenta únicamente variables relacionadas con la naturaleza humana. Si fuera así, establecer modelos, como los que se aplican a la hora de prescribir tratamientos médicos, resultaría más complicado de lo que se piensa.

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[1]También conocido como "Ley de los sucesos raros", se trata de un proceso de sucesos independientes donde el número de sucesos en dos intervalos disjuntos siempre es independiente, la probabilidad de que un suceso ocurra en un intervalo es proporcional a la longitud del intervalo y la probabilidad de que ocurra más de un suceso en un intervalo suficientemente pequeño es despreciable (no se producirán sucesos simultáneos). Este modelo se utiliza, por ejemplo, para calcular el número de errores de ortografía que uno comete al escribir una única página, el número de llamadas telefónicas en una central telefónica por minuto o el número de servidores web accedidos por minuto.

Fuente: CSIC

 

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